La película: el París de los placeres y las ambiciones
La historia nos traslada al París de los años treinta y al célebre One-Two-Two, una de las casas de prostitución de lujo más conocidas de la capital francesa, situada en el número 122 de la rue de Provence. El establecimiento, que existió realmente, constituye el escenario de una narración inspirada en las memorias de Fabienne Jamet, quien llegó a convertirse en su última propietaria.
El burdel funciona como algo más que un simple decorado: es un microcosmos de la sociedad francesa de la época, un espacio donde se cruzan políticos, policías, delincuentes y personajes influyentes. Tras sus ambientes refinados y su apariencia festiva se adivina una red de intereses, secretos y compromisos.
Desde el punto de vista cinematográfico, Christian Gion apuesta por una reconstrucción de época de carácter elegante y desenfadado, con elementos de comedia dramática, romance y vodevil. El resultado no alcanza necesariamente la profundidad de los grandes dramas de época, y su aproximación a los conflictos políticos y sociales es más anecdótica que rigurosa. Sin embargo, conserva cierto atractivo gracias a su ambientación, sus personajes y la evocación de un París en el que el lujo y la respetabilidad podían convivir con la hipocresía y los negocios clandestinos.
La banda sonora: un Morricone refinado, romántico y nostálgico
Si la película posee un interés cinematográfico moderado, su música constituye una razón mucho más convincente para acercarse a ella. Morricone compone aquí una partitura que se aleja deliberadamente de sus registros más dramáticos, experimentales o inquietantes para adoptar un lenguaje de época, elegante y melancólico.
Uno de los aspectos más interesantes de esta composición es la manera en que Morricone recrea el ambiente de una época pasada sin limitarse a reproducir los clichés de la música de salón.
El compositor entiende que el París que retrata la película no es únicamente un escenario de lujo y sofisticación. También es un espacio de encuentros fugaces, sentimientos contrariados y vidas que transcurren entre las apariencias y la realidad. De ahí que el componente nostálgico de la partitura resulte tan importante.
El romanticismo de esta banda sonora merece una atención especial. Morricone fue un compositor extraordinariamente hábil a la hora de expresar emociones contrapuestas: la ternura y la tristeza, la belleza y la pérdida, la esperanza y la resignación.
En 122 Rue de Provence, esa sensibilidad se adapta a una historia en la que la ambición personal y los sentimientos amorosos siguen caminos que no siempre coinciden. La música parece encontrar su espacio más natural en esa distancia entre lo que los personajes desean y lo que finalmente pueden conseguir. Es una faceta de Morricone menos espectacular que la de sus grandes temas cinematográficos, pero reveladora de su capacidad para encontrar el tono adecuado a historias pequeñas, íntimas y ligadas a un contexto muy concreto.
122 Rue de Provence no es una de las películas que suelen aparecer entre las obras imprescindibles del cine francés de los años setenta. Sin embargo, para los aficionados a la música de cine, la presencia de Ennio Morricone cambia la perspectiva. Su partitura aporta una elegancia y una melancolía que enriquecen el universo de la película y que merecen ser escuchadas con independencia de sus imágenes.
Curiosidades
Uno de los descubrimientos más interesantes que nos ofrece la banda sonora de 122 Rue de Provence es su relación con la música que Ennio Morricone escribiría diez años después para Cinema Paradiso. No se trata únicamente de una semejanza de estilo: Music Box Records señala expresamente que el tema principal de la película francesa constituye el antecedente de la célebre melodía de la obra de Giuseppe Tornatore, tanto por su escritura como por su orquestación.
Al escuchar ambas composiciones, resulta fascinante reconocer esa continuidad musical. En la partitura de 1978, la melodía se integra en una atmósfera refinada y nostálgica, asociada al glamour de una época desaparecida. En Cinema Paradiso, esa misma sensibilidad adquiere una dimensión emocional mucho más profunda: la música se convierte en memoria, en evocación de la infancia y en expresión de la melancolía que acompaña al paso del tiempo.
Es como si Morricone hubiera encontrado en aquella composición temprana una idea cuyo verdadero potencial estaba todavía por desarrollarse. Una década después, esa intuición musical alcanzaría una de sus expresiones más conmovedoras, demostrando que, en manos de un gran compositor, una melodía puede renacer y adquirir un significado completamente nuevo.
Descubrir 122 Rue de Provence permite, por tanto, escuchar Cinema Paradiso desde otra perspectiva: no restándole originalidad a su belleza, sino descubriendo parte del camino creativo que condujo hasta ella.
Ediciones discográficas
La banda sonora apareció por primera vez en vinilo en Francia en 1978, el mismo año del estreno de la película, publicado por General Music France, con un repertorio de 12 cortes y una duración de unos 32 minutos. El LP original es especialmente interesante para el coleccionista porque conserva el formato discográfico de la época y permite acercarse a la música tal como se presentó originalmente al público.
- Edición en CD de GDM Music en 1998 idéntica a la edición en vinilo con el mismo número de pistas y duración.
- Edición en CD del sello francés Music Box Records del año 2013, considerada la referencia fundamental para conocer esta banda sonora, que tiene un interés especial por una razón: esta banda sonora no disfrutó de la difusión discográfica de las partituras más populares del compositor. Una edición limitada a 500 ejemplares, concebida para recuperar dos partituras de Morricone vinculadas a su etapa de colaboración con el cine francés de los años setenta, "122 Rue de Provence" y "René la Canne", en una remasterización de los mismos temas y duración al vinilo original, pero grabado a partir de las cintas originales que supone un valor añadido para quienes buscan una edición cuidada de este repertorio.

